Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Cuidar y trabajar: la sobrecarga intensa que recae sobre seis de cada diez personas que asisten a un familiar en la Argentina

Una encuesta de la Universidad Austral sobre 120 cuidadores principales reveló que el 60 por ciento presenta algún grado de sobrecarga y que las mujeres son las más afectadas, tanto en el descanso como en sus proyectos personales y laborales.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 14 d
Cuidar y trabajar: la sobrecarga intensa que recae sobre seis de cada diez personas que asisten a un familiar en la Argentina

La mañana en el barrio de Belgrano amaneció gris, con esa luz plomiza de julio que se pega a las veredas y obliga a apurar el café antes de salir. En una oficina de la Universidad Austral, un equipo de investigadoras terminó de ordenar las respuestas de 1.028 personas mayores de 18 años que aceptaron contar, entre octubre de 2025 y abril de 2026, cómo es su vida cuando en la casa hay un familiar que necesita asistencia. La conclusión se lee rápido y duele despacio: cuidar, en la Argentina de hoy, todavía se sostiene sobre los hombros de unos pocos, y los números lo dicen con una claridad que no deja lugar a dudas.

De los 1.028 encuestados, poco más de dos de cada diez reconocieron que cuidaban a alguien de su entorno. Dentro de ese grupo reducido, la encuesta identificó a 120 personas que asumían el rol principal, es decir, las que cargan con la organización de los turnos médicos, los medicamentos, la comida y la compañía cotidiana. Cuando se las evaluó con la escala de Zarit, un cuestionario internacional de 22 preguntas que mide el agotamiento de quien cuida, el 60 por ciento registró algún grado de sobrecarga y un 40,8 por ciento llegó al nivel considerado intenso, ese que, según los propios autores del informe, ya pide una intervención profesional.

Mujeres al frente, proyectos en pausa

El relevamiento volvió a poner sobre la mesa una distribución que, acá abajo, en la provincia y en casi todo el país, se repite como una marca registrada: las mujeres siguen siendo quienes encabezan los cuidados. No es un dato menor. Entre las cuidadoras, el 54 por ciento señaló que esa responsabilidad les impedía dormir lo suficiente y el 44 por ciento dijo directamente que les limitaba los proyectos personales, esos planes que uno guarda para cuando los chicos crecen o para cuando el tiempo, alguna vez, alcance. Entre los varones, las cifras fueron mucho más bajas: 30 por ciento en descanso insuficiente y apenas un 10 por ciento en proyectos postergados.

Cuando la investigadora principal del estudio presentó los resultados, la primera observación que dejó resonando en el aula fue la siguiente: 'No alcanza con tener a alguien que diga que te ayuda. Lo que marca la diferencia es cómo te ayuda, si te escucha, si te orienta, si se hace cargo de tareas concretas. Por eso la sobrecarga intensa apareció en un 40 por ciento tanto entre quienes declaraban recibir apoyo como entre quienes no'. El dato obligó a abrir el foco: en las entrevistas previas, los cuidadores con redes afectivas sólidas, con información clara sobre los trámites y con alguien que los reemplazara en lo operativo, soportaban mejor el día a día. Los demás, no.

Trabajar y cuidar, una cuenta que no siempre cierra

El 75 por ciento de los cuidadores principales tenía además un trabajo remunerado. Pero la posibilidad real de pedir una licencia, contar con guardería o ausentarse por enfermedad de un familiar dependía casi por completo del tipo de contratación. Entre los trabajadores formales, el acceso promedio a esas herramientas alcanzó el 53,7 por ciento. Entre los informales, bajó al 17,1 por ciento, y entre los independientes, se desplomó hasta el 9,5 por ciento. La diferencia no es un detalle: significa que, en los hechos, cuidar y trabajar a la vez resulta viable para algunos y casi imposible para otros.

  • El 60 por ciento de los 120 cuidadores principales presentó algún grado de sobrecarga según la escala de Zarit.
  • El 40,8 por ciento alcanzó el nivel intenso, que el informe considera merecedor de intervención profesional.
  • El 54 por ciento de las mujeres cuidadoras dijo que no descansa lo necesario, frente al 30 por ciento de los varones.
  • El 44 por ciento de las mujeres sintió limitados sus proyectos personales, contra el 10 por ciento de los varones.
  • El acceso a licencias y prestaciones fue del 53,7 por ciento entre formales, 17,1 por ciento entre informales y 9,5 por ciento entre independientes.

Antes de cerrar la presentación, la investigadora quiso dejar un contrapeso para que el cuadro no se volviera sólo denuncia. El 95,7 por ciento de los cuidadores reconoció al menos un aspecto gratificante en la tarea. Mencionaron el afecto recíproco, los momentos compartidos y los avances concretos de la persona asistida, desde recuperar una palabra hasta poder volver a salir a la calle. Esas respuestas, dijo, conviven con el cansancio y muestran que el cuidado no se reduce a una carga, pero que esa carga, cuando es intensa y sostenida en el tiempo, termina pasando factura.

El informe de la Universidad Austral se difundió en una semana en la que, en varias ciudades del país, grupos de cuidadores vienen reclamando políticas públicas más firmes. Los números vuelven a confirmar lo que Marta, vecina de Lanús y cuidadora principal de su madre desde hace seis años, repite cada vez que alguien le pregunta cómo está: 'Yo no me quejo, lo hago con gusto, pero necesito que alguien se ocupe de mí un rato. Una tarde libre no me cambia la vida, me la devuelve.'

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

Te puede interesar