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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando Stephen King decidió que su propia novela era demasiado peligrosa para seguir en las librerías

El escritor sacó de circulación a "Rabia", una de sus primeras novelas, después de encontrarla entre las pertenencias de jóvenes involucrados en tiroteos escolares. Además, vetó cualquier adaptación al cine o la televisión.

Por Camila ParedesCultura y espectáculos · · hace 2 d
Cuando Stephen King decidió que su propia novela era demasiado peligrosa para seguir en las librerías

Tengo que confesar algo antes de arrancar: cada vez que vuelvo a la obra temprana de Stephen King, me cruzo con libros que parecen escritos por otro autor. "Rabia" es uno de ellos. La escribió cuando todavía estaba en la universidad, la publicó en 1977 firmada por Richard Bachman —ese seudónimo que King usó durante años para ver cómo se movía un libro sin su apellido— y nunca llegó a ser un bestseller. Sin embargo, terminó ocupando un lugar que ninguna otra novela del autor tiene: el de un título que su propio creador sacó del mercado por considerarlo un riesgo concreto para ciertos lectores.

Un libro escrito antes de la tragedia

La novela cuenta la historia de Charlie Decker, un estudiante que es expulsado de su instituto y reacciona tomando un arma de fuego de su casillero. Mata a varias personas y toma rehenes. King la escribió en plena juventud, cuando todavía no imaginaba el recorrido que esa ficción iba a tener décadas después. La publicó con el nombre de Bachman y, durante años, el libro pasó relativamente inadvertido en las estanterías.

Lo que cambió todo: la aparición en escenas de tiroteos escolares

El punto de inflexión fue una sucesión de hallazgos que King nunca buscó. "Rabia" empezó a aparecer, una y otra vez, entre las pertenencias de jóvenes involucrados en tiroteos escolares en Estados Unidos. El caso que el propio autor mencionó como determinante fue el de Michael Carneal, que en 1997 mató a tres personas en su colegio y tenía un ejemplar de la novela. "Al menos dos chicos que estuvieron involucrados en tiroteos escolares tenían el libro", reconoció el escritor.

“No quería que 'Rabia' fuera uno de esos aceleradores. Sentí que era parte de eso, se convirtió en parte de un escenario de fantasía con estas personas y no quería que le pasara a nadie más.”Stephen King

A partir de ese momento, King pidió que la obra dejara de publicarse. Lo interesante es cómo lo justificó: nunca dijo que los libros o las películas generen violencia por sí mismos. Al contrario, insistió en que la enorme mayoría de quienes consumen material violento no actúa de forma violenta. Lo que señaló es que existe un subgrupo muy chico de personas en las que ciertos contenidos pueden operar como catalizadores. Y en esos casos, dijo, el escritor tiene una responsabilidad que va más allá de lo que la ley le permite.

  • King publicó "Rabia" en 1977 bajo el seudónimo Richard Bachman, durante sus años universitarios.
  • El libro nunca fue un bestseller, pero apareció en las pertenencias de jóvenes involucrados en tiroteos escolares, incluido el caso de Michael Carneal en 1997.
  • El autor bloqueó también cualquier adaptación al cine o la televisión, porque una versión audiovisual habría contradicho la decisión editorial.
  • En su ensayo "Guns" (2013), King volvió sobre el tema y aclaró que la Primera Enmienda le permitía legalmente mantener el libro en circulación, pero que su responsabilidad moral le imponía lo contrario.
  • "Rabia" quedó así en una categoría singular dentro de su obra: un título que su propio autor considera demasiado riesgoso para seguir disponible, más allá de su valor literario.

Esa misma lógica es la que explica la prohibición total de adaptaciones. Si el libro se saca de circulación para que deje de funcionar como posible disparador, autorizar una película o una serie habría desarmado la decisión de raíz. Por eso King también vetó cualquier versión audiovisual: la medida no es un capricho, es la coherencia llevada hasta las últimas consecuencias.

La decisión deja a "Rabia" en un lugar incómodo y, a la vez, fascinante. No es un libro prohibido por la ley ni por un juez, sino por decisión de su propio autor, que en algún momento miró su propia ficción y decidió que, aunque tenía derecho a dejarla circulando, no estaba dispuesto a hacerlo. Es, probablemente, uno de los gestos más honestos —y más difíciles— que se le vieron a un escritor de su tamaño.

CP
Camila ParedesCultura y espectáculos

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