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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando la palabra se escapa: por qué ocurre y cómo recuperarla sin alarmarse

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas explica qué recursos ayudan a retomar una idea cuando el término justo no aparece y cuándo conviene consultar a un profesional para descartar un problema mayor.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 20 d
Cuando la palabra se escapa: por qué ocurre y cómo recuperarla sin alarmarse

La mañana en Buenos Aires arrancó gris y tranquila, con esa luz tamizada de junio que no termina de definir si quiere invierno o todavía se queda en otoño. Acá abajo, en la provincia, las rutinas se acomodan igual que siempre: el mate, la radio bajita, la lista del supermercado. Pero hay algo que mucha gente vive en silencio y casi sin darle importancia: hablar toda la vida y, de repente, en mitad de una frase, quedarse con la palabra exacta en la punta de la lengua. Saber qué se quiso decir, tener la imagen nítida en la cabeza y, aun así, no encontrar el nombre. Es una experiencia común, que puede ocurrir a cualquier edad, y que a partir de los cuarenta empieza a generar más preguntas que certezas.

Recursos simples para desatascar la conversación

Cuando el término no aparece, la neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, propone algunas salidas concretas. Lo primero es no quedarse atascado: buscar un sinónimo, describir aquello que se quiere nombrar o rodear la idea con otras palabras permite sostener el diálogo sin tropiezos. También ayuda pensar en la letra inicial del vocablo, en su utilidad o en sus características más visibles, porque cada una de esas pistas funciona como una puerta de entrada distinta al mismo concepto.

  • Reemplazar la palabra por un sinónimo o describir el objeto con frases propias.
  • Pensar en la letra inicial, el color, la forma o la función de lo que se quiere nombrar.
  • Contar una idea con palabras propias, en lugar de buscar el término exacto.
  • Conversar sobre temas que interesen, porque obliga a recuperar vocabulario y sostener la atención.
  • Bajar el volumen de las distracciones para mantener el hilo de lo que se está diciendo.

Una pausa aislada no es lo mismo que una dificultad que se repite

Acá viene la distinción que más interesa a los lectores de entre cuarenta y sesenta años, que suelen ser los primeros en notar estos tropiezos: no es lo mismo un episodio aislado, de esos que le pasan a cualquiera después de un mal día o una noche corta, que un patrón que se repite y empieza a complicar la comunicación cotidiana. Sánchez Salinas recomienda consultar cuando encontrar las palabras se vuelve un problema frecuente, cuando aparecen confusiones al nombrar objetos de uso habitual o cuando cuesta seguir una conversación más larga. También merecen atención los cambios notorios en el habla que advierte la propia persona o que señalan quienes la rodean, porque a veces uno se acostumbra a sus propios errores y no los registra. Una evaluación clínica y neuropsicológica puede contribuir a comprender qué está pasando y orientar un posible diagnóstico y tratamiento. El criterio central es observar si las dificultades representan un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona antes y si efectivamente interfieren en su vida diaria.

Por qué se produce ese fenómeno y por qué no hay que asustarse

La explicación que ofrece la especialista es bastante tranquilizadora. Acceder a una palabra requiere activar primero su significado y, después, recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, ese segundo paso puede demorarse o interrumpirse por un momento, mientras el primero ya está resuelto. Por eso da la sensación de tener todo claro y, sin embargo, no poder decirlo. Puede ocurrir a cualquier edad, sobre todo cuando hay cansancio, distracción o presión por comunicarse rápido. Con los años suele hacerse más frecuente, aunque eso no significa que la palabra se haya perdido para siempre: muchas veces aparece minutos después, en otra habitación, cuando uno ya dejó de buscarla y la presión cede. El envejecimiento tampoco modifica todas las capacidades del lenguaje por igual: puede llevar más tiempo recuperar ciertos términos, mientras que la comprensión cotidiana, esa que permite seguir una charla, mirar una película o leer el diario, suele conservarse.

Yo, que llevo años cubriendo temas de sociedad y vida cotidiana, me quedo con una idea que la especialista repite en cada respuesta y que vale la pena llevar a casa: la próxima vez que una palabra no salga, mejor rodearla con otras, respirar y seguir hablando, porque casi siempre termina apareciendo sola. Como dice Camila Sánchez Salinas, acceder a una palabra es un proceso en dos pasos, y a veces el segundo necesita un poco más de tiempo.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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