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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Cuando el cuerpo se cansa de pedirle cuentas: cinco llaves cotidianas para salir del agotamiento laboral

La nutricionista naturópata Jessica Shand explicó cómo el estrés sostenido desordena las hormonas del sueño y el ánimo, y compartió una rutina de cinco pasos que puede aplicarse en casa, con el aval previo de un profesional de la salud.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 2 h
Cuando el cuerpo se cansa de pedirle cuentas: cinco llaves cotidianas para salir del agotamiento laboral

La mañana de este jueves se levantó con esa neblina finita que se pega al vidrio de las ventanas, de esas que en la ciudad se confunden con el humo de los colectivos que arrancan antes que el sol. En la redacción todavía no habían encendido la cafetera, y yo, mientras acomodaba los papeles en el escritorio, me detuve a leer con cierta calma una investigación que, por estos días, está dando vueltas en las redacciones del mundo entero y que tiene mucho que ver con lo que nos pasa acá abajo, sobre todo a quienes trabajamos con la cabeza y con el reloj en contra. La pregunta es directa: qué hacer cuando el agotamiento laboral deja de ser un día pesado y se convierte en un estado del que cuesta salir. Y la respuesta, al menos la que propone la nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, pasa por cinco hábitos que cualquiera puede probar en la cocina, en el baño y en la propia cama, siempre con el consejo médico como techo.

Antes de entrar en los consejos, vale la pena detenerse en lo que Shand describe como el motor oculto del problema, porque no se trata solo de llegar con los ojos medio cerrados a la noche del martes. Según la especialista, la exposición prolongada al estrés activa de manera sostenida la producción de cortisol, la hormona que el cuerpo libera cuando interpreta que hay peligro. El problema es que, cuando esa fábrica interna queda encendida durante semanas o meses, el sistema empieza a desatender otras funciones que también son básicas: la digestión se vuelve caprichosa, el descanso deja de ser reparador, el sueño se fragmenta y hasta el equilibrio reproductivo puede alterarse. El resultado, traducido al lenguaje de cualquier vecino cansado, es esa mezcla que Shand resume con una claridad casi de manual: cansancio continuo, dificultad para dormir, cambios de ánimos bruscos y la sensación amarga de que ni un domingo largo en la casa de los padres alcanza para recuperar la energía. Como me dijo Roberto, de Floresta, con el mate en la mano: uno se va a dormir cansado y se levanta cansado, como si el cuerpo no se enterara de que pasó la noche.

Los cinco pasos que propone Shand para empezar a desandar el agotamiento

El primero es de sentido común, pero pocas veces se cumple: sostener una alimentación regular que incluya proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos. La idea es evitar las variaciones bruscas de glucosa en sangre, esos picos y caídas que, cuando el cuerpo ya viene exigido, profundizan la irritabilidad y la falta de concentración. Shand es bastante directa con el punto siguiente: saltear comidas o apoyarse en ultraprocesados para zanjar el día agrava la sensación de desgaste en lugar de aliviarla. El segundo hábito apunta a la calidad del sueño, y la nutricionista lo trabaja como si fuera un ritual más que una indicación médica: un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como señales que separan las obligaciones del momento de descanso. La regularidad de los horarios, asegura, suele ser tan importante como la cantidad de horas que uno se manda a la cama.

  • Alimentación regular con proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos, para evitar picos de glucosa que profundican el cansancio.
  • Protección de la calidad del sueño con una rutina previa a acostarse: baño con sales de magnesio, infusión sin cafeína o escritura breve.
  • Incorporación de plantas asociadas a la relajación, como manzanilla, lavanda, toronjil y pasiflora, dentro de una rutina nocturna.
  • Uso de adaptógenos como albahaca sagrada y ashwagandha, siempre con consulta profesional previa, sobre todo en embarazos o tratamientos.
  • Reconocimiento de los propios ciclos de energía a lo largo del mes, para ajustar la exigencia y aceitar la planificación personal.

Como tercer y cuarto recurso aparecen las plantas y los adaptógenos, dos categorías que Shand suele tratar con cuidado porque en las redes sociales se recomiendan como si fueran caramelos de menta. La manzanilla, la lavanda, el toronjil y la pasiflora pueden integrarse a una rutina nocturna sin demasiadas complicaciones, mientras que los adaptógenos, entre los que menciona la albahaca sagrada y la ashwagandha, son sustancias pensadas para mejorar la tolerancia al estrés y que vienen utilizándose en tradiciones médicas de distintos continentes. En ambos, la advertencia es la misma y conviene leerla dos veces: no conviene iniciar el consumo sin consultar antes a un profesional, en especial durante el embarazo, la lactancia, cuando hay enfermedades preexistentes o si se están tomando medicamentos de manera crónica. La quinta pata de la rutina, y tal vez la más sutil, consiste en reconocer los propios ciclos de energía. Shand señala que la energía puede variar a lo largo del ciclo menstrual, de la semana o incluso del día, y que ajustar las exigencias a esos momentos no es un lujo sino una manera de evitar que el cuerpo termine protestando a los gritos. Acá abajo, donde la rutina pesa y los tiempos se estiran, esa puede ser la diferencia entre llegar a fin de mes entero o llegar hecho pedazos.

“No conviene iniciar el consumo sin consultar antes a un profesional, en especial si hay embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos.”Jessica Shand, nutricionista naturópata y autora de The Hormone Balance Handbook
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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