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Cincuenta almendras antes de dormir: lo que dice un estudio que se propuso medir el descanso

Un ensayo clínico realizado en India durante cinco meses con 175 adultos observó mejoras en la calidad del sueño entre quienes incorporaron almendras a la merienda nocturna. La diferencia más notoria fue subjetiva; los marcadores objetivos cambiaron menos.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 27 de agosto de 2026 · hace 1 d

La mañana en la que me puse a leer este paper arrancó con esa luz tibia de junio en Buenos Aires, esa que entra cruzada por la persiana y te deja la cocina en claroscuro mientras uno prepara el café. Sobre la mesa, un manojo de almendras que quedaban del tupper de la noche anterior me miraba como diciendo bueno, qué. Ahí fue cuando me acordé de un estudio que llevaba unos días dando vueltas y que tiene más miga de la que parece a primera vista: un ensayo clínico de cinco meses, hecho en India, con 175 adultos de entre 21 y 55 años, que se preguntó algo bastante terrenal: si comer almendras antes de dormir ayuda, de verdad, a descansar mejor.

Lo que hicieron los investigadores fue simple en el diseño y complejo en el seguimiento. Armaron dos grupos al azar. Uno consumió alrededor de 50 almendras diarias, integradas a la merienda nocturna. El otro recibió una colación con un aporte calórico equivalente, para que lo que se comparara fuera el alimento y no las calorías. Al cierre del período, quienes habían incorporado el fruto seco tuvieron mayor probabilidad de alcanzar una mejora considerada clínicamente significativa en los puntajes de calidad de sueño, según los registros del propio estudio, que fue publicado en la revista Frontiers in Nutrition.

Qué midieron y qué cambió

  • Cuestionarios de autopercepción: los participantes reportaron interrupciones menos frecuentes y mayor facilidad para conciliar el sueño.
  • Marcadores bioquímicos: se observaron niveles algo más altos de melatonina, la hormona central del ciclo sueño-vigilia.
  • Registros de ondas cerebrales: los cambios medidos con herramientas objetivas fueron más acotados que la percepción subjetiva.
  • Perfil inicial común: todos los voluntarios tenían una calidad de sueño deficiente al comenzar el ensayo.

Acá abajo, en la provincia, cuando uno le cuenta a un vecino que come almendras para dormir mejor, lo mira con cara de descreído y le pregunta si es joda. No es joda, pero tampoco es magia. Lo que el ensayo dejó en claro es que la diferencia más evidente apareció en cómo los participantes sintieron su descanso, mientras que las mediciones objetivas mostraron cambios más moderados. Esa distancia entre lo que uno cuenta y lo que registran los aparatos es clave, y el propio paper la señala sin tapujos.

Las hipótesis que manejan los investigadores apuntan a tres pilares del fruto seco. El primero es el magnesio, un mineral que los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos describen como necesario para la actividad muscular y nerviosa, y cuyo déficit se ha asociado a dificultades para conciliar el sueño. El segundo es el triptófano, un aminoácido que el cuerpo usa como materia prima para fabricar serotonina y, a partir de ahí, melatonina. El tercero es el combo nutricional clásico de la almendra: proteína, grasas insaturadas y fibra, una combinación que favorece una digestión más lenta y ayuda a mantener niveles de glucosa más estables durante la noche, un factor que distintos especialistas vinculan con menos despertares.

Ahora bien, ningún hallazgo se lee sin contexto. La investigación contó con financiamiento del Almond Board of California, la entidad que representa a la industria de las almendras en ese país. Eso no invalida los resultados, pero sí obliga a mirar con prudencia y a esperar estudios independientes, con otros diseños y muestras más amplias, antes de cantar victoria.

Lo que me quedó dando vueltas, después de leerlo varias veces, es algo que me dijo una vecina del barrio de Once con la que crucé palabra mientras esperaba el colectivo: yo a la noche como un puñado de nueces y duermo como piedra, viste, capaz que es puro placebo pero a mí me sirve. Tiene razón en algo que el paper también dice, aunque con otras palabras: las almendras pueden integrarse a una estrategia alimentaria compatible con un mejor descanso, pero no reemplazan la consulta médica cuando los síntomas son sostenidos. La Organización Mundial de la Salud lo repite hasta el cansancio: el insomnio que se prolonga, la somnolencia diurna marcada o las pausas respiratorias nocturnas requieren evaluación profesional, no un puñado de frutos secos a las once de la noche.

“A mí me sirve, capaz que es placebo, pero me sirve.”Vecina del barrio de Once, en diálogo con este cronista
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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