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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cinco mitos sobre el corazón que todavía circulan en las consultas y que un cardiólogo estadounidense se encarga de desarmar uno por uno

El especialista de Cleveland Clinic, Luke Laffin, repasa las creencias más arraigadas que llevan a postergar controles y minimizar señales. Enfermedades cardiovasculares, menopausia, anticonceptivos, genética y el silencio del cuerpo: por qué conviene hacerse chequeos aun cuando uno se siente bien.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 39 d
Cinco mitos sobre el corazón que todavía circulan en las consultas y que un cardiólogo estadounidense se encarga de desarmar uno por uno

La mañana arrancó con ese gris húmedo que se queda pegado a las veredas de Buenos Aires, esa luz opaca que no termina de despertar y que a mí, te confieso, me predispone a las conversaciones largas. Y vaya si la de hoy da para largo: cinco creencias instaladas como verdades sagradas sobre el corazón humano, y un cardiólogo de Cleveland Clinic que se tomó el trabajo de desarmarlas con la misma paciencia con la que uno desarma un nudo que viene cargando desde chico. El hombre en cuestión se llama Luke Laffin y lo que dejó dicho, mirá, es de esas cosas que uno lee y piensa '¿cómo no lo vi antes?'. Porque las enfermedades cardiovasculares se llevaron 19,8 millones de vidas en el mundo durante 2022, según la Organización Mundial de la Salud, lo que representa alrededor del 32 por ciento de la mortalidad global. Y sin embargo, acá abajo, en cada barrio porteño y en cada pueblo del interior, seguimos repitiendo las mismas frases que nos dejan mal parados. Para entender por qué tantas personas llegan tarde al diagnóstico, conviene empezar por repasar punto por punto lo que Laffin expuso, que es básicamente un manual de cabecera para los 40, los 50 y los 60 y pico que están leyendo esta nota mientras se toman un mate.

Lo que el cardiólogo aclaró en cada punto

El primer mito es uno que tengo escuchado en la mesa familiar más veces de las que quisiera: 'el corazón es cosa de hombres'. Falso de toda falsedad, dijo Laffin, que fue terminante al afirmar que el corazón no discrimina por sexo. Las mujeres cargan con factores propios que muchas veces desconocen: la menopausia modifica el panorama hormonal, los anticonceptivos orales tienen efectos que no siempre se conversan en la consulta y ciertas complicaciones del embarazo dejan huella en el sistema cardiovascular. A eso se le suma, como contó Marta, una vecina de San Telmo a la que le gusta abrir el diario a las siete de la mañana, que las mujeres suelen postergar sus controles por atender primero a los chicos, a los padres, al marido. La recomendación del especialista es directa: conocer los propios factores de riesgo y llevarlos a la consulta con el médico de cabecera, que sabrá cuándo derivar a cardiología.

  • El corazón no es asunto solo de hombres: las mujeres tienen factores de riesgo propios ligados a la menopausia, los anticonceptivos y el embarazo, y suelen postergar los chequeos.
  • Los problemas cardiovasculares pueden empezar a los 20, 30 o 40 años: la carga genética de colesterol alto o hipertensión aparece temprano, por eso los análisis de sangre importan desde joven.
  • Tener padres o abuelos cardíacos no es una condena: la alimentación, el ejercicio, dejar el cigarrillo y moderar el alcohol bajan el riesgo, y cuando eso no alcanza, hay medicación segura.
  • Sentirse bien no garantiza que el corazón esté bien: la hipertensión y el colesterol alto suelen avanzar sin síntomas, por eso el primer aviso puede ser un infarto.
  • El deterioro cardiovascular no es inevitable con los años: los hábitos y los controles marcan la diferencia entre envejecer con salud o acumular factores de riesgo.

El segundo, el tercero y la trampa del 'me siento bien'

El segundo mito dice que hay que esperar a cruzar los 50 para empezar a ocuparse del corazón, y ahí Laffin volvió a sacudir el tablero. Porque la alteración de arterias y vasos sanguíneos puede empezar a los 20, a los 30, a los 40, y muchas veces sin que la persona registre una sola molestia. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión se lleva puesta la idea de que el problema llega tarde, y por eso el especialista recomienda análisis de sangre y chequeos periódicos también en adultos jóvenes. El tercero apunta a otro lugar común: que la herencia cardíaca es una sentencia. Aumenta el riesgo, claro que sí, pero no determina el desenlace. Alimentación equilibrada, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que bajan esa probabilidad de manera concreta; y cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicaciones seguras para controlar la presión y el colesterol. El cuarto error, y este me lo guardo para comentarlo con un compañero de trabajo que va por ahí convencido de que porque se siente bien está a salvo, es creer que sentirse bien equivale a estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza lenta y silenciosa, la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no avisan, y en algunos casos el primer indicio es un infarto o un accidente cerebrovascular. Por eso las consultas anuales con el médico de cabecera y los análisis periódicos son la única manera de seguir esos indicadores antes de que se conviertan en una urgencia. El quinto mito se cae solo cuando uno lo enuncia: asumir que el deterioro cardiovascular es inevitable con el paso de los años. Los hábitos y los controles marcan la diferencia entre envejecer con calidad de vida o arrastrar factores de riesgo que pudieron prevenirse.

Cierro esta nota como me gusta cerrarla, con la voz del que sabe más que uno sobre el tema y no por eso deja de ser claro: 'El corazón no discrimina por sexo', afirmó Laffin, y esa frase, viste, es el mejor recordatorio de que todavía hay tiempo para chequearse, preguntar y, sobre todo, de dejar de repetir como loros creencias que pueden terminar doliendo. Yo, por las dudas, ya anoté los próximos análisis de sangre en la agenda y pienso cumplir.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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