Brad Pitt en el Himalaya: la película que China quiso borrar y terminó cambiando a su protagonista
La historia real de Heinrich Harrer llega al cine de la mano de Jean-Jacques Annaud en un film que combina aventura en la montaña, un cautiverio inesperado y un encuentro que modifica el rumbo del protagonista.
A veces uno se cruza con una película que empieza como una aventura y termina siendo otra cosa, algo más íntimo, más hondo. Eso me pasó cuando me senté a revisitar "Siete años en el Tíbet", el film de Jean-Jacques Annaud con Brad Pitt como Heinrich Harrer, un alpinista austríaco que en 1939 decide separarse de su esposa, que está esperando su primer hijo, para sumarse a una expedición al Himalaya. La decisión ya marca al personaje: deja todo lo conocido para perseguir una obsesión que parece más grande que él.
La guerra, claro, termina por cambiarle los planes. La Segunda Guerra Mundial irrumpe en el medio y Harrer queda prisionero durante años. La expedición que iba a ser su gran logro deportivo se transforma en una experiencia muy distinta, marcada por el encierro, la espera y la incertidumbre. El film le dedica tiempo a ese cautiverio y muestra cómo ese tiempo muerto va modificando al personaje por dentro, antes de cualquier fuga.
Del cautiverio al Himalaya profundo
Cuando por fin logra escapar, la historia cambia de eje. El viaje que hasta ese momento era deportivo y extremo se vuelve un recorrido personal. Harrer termina recalando en la residencia del Dalai Lama, todavía un niño, y empieza a construir con el joven líder espiritual un vínculo inesperado que se convierte en el corazón del relato. Annaud deja de mostrar cumbres y nieve para detenerse en la vida cotidiana, los aprendizajes y la relación que se va tejiendo entre los dos.
- La aventura en el Himalaya y la obsesión de Harrer con la escalada.
- El cautiverio durante la Segunda Guerra Mundial y el paso de los años en prisión.
- El escape y la llegada al entorno del Dalai Lama, con la construcción de la amistad.
- La preparación de China para invadir el Tíbet, que funciona como contexto histórico del relato.
Lo que me resulta más interesante es que Annaud nunca abandona del todo el contexto histórico. Mientras Harrer enseña geografía y se va transformando, la película va dejando ver la preparación de China para invadir el Tíbet, y ese ruido de fondo le agrega densidad a una historia que podría haber quedado solo en el costado épico. El film trabaja, entonces, en dos planos: lo que le pasa al protagonista por dentro y lo que empieza a pasar afuera, en una región que está a punto de cambiar para siempre.
“La película dejó huella mucho más allá de la pantalla. En 1997, China prohibió los estrenos de Sony durante todo el año y le aplicó prohibiciones de ingreso al país, en principio de por vida, tanto a Brad Pitt como al propio Annaud. Esas sanciones finalmente no duraron para siempre: el director pudo entrar en 2012, donde después filmó "El último lobo", y Pitt recién pudo pisar China en 2014. La política, otra vez, se metió en el medio de una historia de aventuras.”
