Borja, el delantal puesto: dos golazos en tres minutos rescataron al América en el clásico ante Chivas
El colombiano, con pasado en River, firmó una chilena a los 71 y un cabezazo a los 74 para empatar 2-2 un partido que Chivas, dirigido por Gabriel Milito, había ganado 2-0 hasta el entretiempo. Lo ganaba el Rebaño con tantos de Fernando González y Ricardo Marín.
Lo digo de arranque, porque si no, no se entiende la magnitud de lo que pasó: América perdía 2-0 al descanso y terminó 2-2 frente a Chivas. Y lo empató un solo hombre, Miguel Borja, en apenas tres minutos. Del 71 al 74. Del banco de suplentes del Rebaño a la locura en el estadio. Así de rápido se dio vuelta una historia que parecía escrita.
Cómo se rompió el partido en el primer tiempo
Chivas se fue al entretiempo con una ventaja que le quedaba como anillo al dedo. Fernando González abrió la cuenta a los 32 y Ricardo Marín, cuando el reloj ya se había pasado dos minutos del tiempo adicionado, puso el 2-0 que dejó silencio en la localía. El equipo de Gabriel Milito jugaba cómodo, ordenado, sin sofrear. América, en cambio, se iba masticando bronca al vestuario.
Pero el entretiempo en el fútbol existe para cambiarlo todo. Y acá lo cambió un tipo que conoce bien lo que es gritar goles importantes: Borja, el colombiano que supo gritar en River, se puso el delantal de figura y cocinó la remontada él solito.
Los dos goles que cambiaron todo
- A los 71 minutos, Brian Rodríguez tiró el centro desde la derecha, la pelota le quedó por detrás a Borja dentro del área y el colombiano se mandó una chilena con marca encima para descontar. Definición de potrero, de esas que se enseñan en las inferiores pero casi nunca se convierten en un clásico.
- A los 74, Henry Martin le bajó la pelota de espaldas y Borja, ahora sí con tiempo, volvió a castigar al arquero visitante. Tres minutos. Dos goles. Un partido entero que se daba vuelta como una media.
Después de marcar el primero, Borja no festejó con cualquier gesto: corrió directo hacia el banco de suplentes de Chivas y celebró ahí, mirando al banco de Milito. Una declaración de intenciones que dice mucho de cómo se vive un clásico de esta magnitud. Del otro lado, Milito estaba hablando con un jugador que iba a ingresar cuando giró la cabeza y vio el golazo. Levantó una mano, después se la llevó a la nuca. La imagen del visitante que mira cómo se le escapa un partido que tenía en el bolsillo.
América se lleva un punto que, por cómo venía el encuentro, vale como un triunfo. Chivas, en cambio, se queda con gusto a poco: ganar 2-0 y terminar empatando duele, y mucho. Lo de Borja fue un recordatorio de lo que puede hacer un nueve con oficio cuando el equipo lo necesita. Dos toques, dos goles y un clásico que va a quedar en la retina de los hinchas por un buen rato.
