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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Batidos de proteínas: cuando la merienda sana termina en un pico de glucosa

Dos endocrinólogas explican por qué algunos ingredientes de los batidos que se venden como saludables generan subas bruscas de azúcar en sangre y qué cambiar para que el hábito siga siendo útil sin el efecto no deseado.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 1 h
Batidos de proteínas: cuando la merienda sana termina en un pico de glucosa

Amaneció húmedo y con esa luz opaca que suele tener Buenos Aires cuando el cielo se queda a medio camino entre la niebla y la garúa. Arrancamos la jornada con la cabeza puesta en un tema que atraviesa la mesa de muchas familias argentinas: el de los batidos de proteínas que se instalaron como un atajo saludable y que, según alertan especialistas en endocrinología, esconden un costado menos amigable. La advertencia no es contra el licuado en sí, sino contra cómo lo armamos y, sobre todo, contra qué le metemos adentro.

Según la explicación que dieron dos profesionales consultadas por un medio estadounidense, ciertos ingredientes populares en estos preparados pueden provocar picos de glucosa en sangre. Las consecuencias no son menores: bajones de energía a media tarde, cambios de humor y una niebla mental que se traduce en dificultad para concentrarse. Para quienes están pendientes del azúcar en sangre por un diagnóstico de diabetes o resistencia a la insulina, el fenómeno puede ser todavía más marcado.

Las frutas que más levantan el azúcar

La primera responsable está en la foto de la licuadora. La Dra. Erin Scholten, del Lehigh Valley Health Network, señala que las versiones cargadas de fruta elevan la glucosa, sobre todo cuando se vuelca una porción generosa de variedades con alto contenido de carbohidratos. La Dra. Omodamola Aje, del Berkshire Medical Center, afiliado a UMass Medical School, va más allá y apunta a tres nombres concretos.

“La banana, la frutilla y el mango son conocidas por causar un pico después de comer, especialmente si no hay suficiente proteína y grasa para compensarlo.”Dra. Omodamola Aje, endocrinóloga

Acá abajo, en el conurbano bonaerense, la banana y el mango son estrellas de cualquier verdulería y pocas familias se privan del licuado con frutilla en verano. Por eso el dato no es menor: no se trata de sacar la fruta, sino de aprender a combinarla con lo que modera la respuesta del cuerpo. Las especialistas insisten en que, sin esa proteína y esa grasa que amortigüen, el azúcar sube más rápido y cae más fuerte.

Polvos saborizados y jugos, los otros dos puntos críticos

Hay un segundo punto que las profesionales marcan con el dedo: las proteínas en polvo saborizadas. Muchas marcas del mercado endulzan el preparado con azúcares añadidos para mejorar el sabor, y ese plus dulzón termina empujando también la glucosa después del consumo.

Y hay un tercer factor, que suele pasar inadvertido, según las endocrinólogas: la base líquida. La preparación en sí cambia cuando usamos jugo de frutas. Al licuar los alimentos, la estructura física del alimento se rompe y los carbohidratos quedan más disponibles para la digestión, lo que acelera su llegada al torrente sanguíneo. Si, además, reemplazamos el agua o la leche por jugo, perdemos la fibra que modera esa velocidad y el efecto se amplifica. Por eso descartan el jugo como opción y proponen en su lugar agua, leche común o leches vegetales sin endulzar.

  • Incluir entre 20 y 30 gramos de proteína en cada batido.
  • Reducir las frutas de alto índice glucémico, como banana y mango, y preferirlas congeladas o en porciones chicas.
  • Priorizar frutos rojos, que liberan sus azúcares de forma más gradual.
  • Sumar fuentes de grasa saludable, como palta, semillas o manteca de maní, para amortiguar la respuesta glucémica.
  • Evitar las proteínas en polvo con azúcares añadidos y revisar la etiqueta nutricional.
  • Usar como base agua, leche descremada o leches vegetales sin endulzar, y dejar el jugo afuera de la receta.
  • Sumar una fuente de fibra extra, como avena en hojuelas o chía, para modular el índice glucémico.
  • Acompañar el batido con una comida completa que incluya proteínas y grasas, en lugar de tomarlo como único aporte.
  • Tratar a la fruta entera como la opción por defecto frente a su versión licuada o en jugo.

La recomendación que sobrevuela toda la charla es bastante terrenal. La salud metabólica, coinciden las profesionales, no depende tanto del ritual del licuado como de lo que se decide meter adentro. Para cualquier persona que toma uno de estos batidos a la mañana o a media tarde como parte del día, el orden lógico, según lo que explican, sería revisar qué tan equilibrado es lo que estamos sirviendo y ajustar en función de cómo responde el cuerpo. Mariela, del barrio de Caballito, me decía mientras esperaba su turno en la dietética del Rivadavia: "Yo los tomo para no quedar a media máquina en el turno de la tarde, pero a veces siento que a las dos horas ya estoy peor. Si es por lo que le echo, voy a tener que cambiarlo".

La lectura completa que dejan las endocrinólogas es razonablemente tranquilizadora: el hábito no hace daño por sí mismo, sino cuando se vuelve una coctelera de azúcar oculta. Ajustar ingredientes, medir proporciones y entender que licuar no es lo mismo que masticar aparece como el camino para conservar un recurso que, bien usado, puede seguir siendo útil en la rutina diaria de quienes lo adoptaron.

La voz de las especialistas

“No es que el batido sea enemigo de la salud metabólica; lo que hay que cuidar es la composición. Invertir un poco más en proteína y grasa te ahorra el pico de glucosa que después se paga con hambre y cansancio.”Dra. Omodamola Aje, endocrinóloga del Berkshire Medical Center
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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