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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Antes de acelerar: la lección que la calle le recuerda a quien maneja, según una madre que perdió a su hijo

Una campaña de la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito pasó por la Legislatura porteña para pedirle a la sociedad, y al Congreso, que se piense dos veces antes de subir a un auto. La mirada vuelve sobre el peatón, ese actor desprotegido de cien kilos frente a más de una tonelada de chapa y motor.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 32 d
Antes de acelerar: la lección que la calle le recuerda a quien maneja, según una madre que perdió a su hijo

La mañana arrancó fresca sobre la plaza Miserere, con esa luz pálida de invierno porteño que no termina de calentar y deja el aire quieto. Caminando entremedio de la gente que iba a laburar, pensaba en cuántas veces uno cruza una esquina apurado y casi no registra lo cerca que pasó de un colectivo o de una bicicleta. Parece una pavada, hasta que una mañana como esta te encontrás con una mujer que te cuenta, con la voz entera y los ojos secos, que perdió a un hijo de catorce años atropellado en la calle y nunca más se le fue el temblor de las manos.

Eso es lo que dejó la presentación que hizo la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. La frase que eligieron para abrir el encuentro parece de manual, pero se dice poco: "antes de ponernos al volante, todos somos peatones". La idea es simple y a la vez incómoda: si uno se acuerda de eso cuando agarra las llaves del auto, todo lo que viene después cambia, desde la velocidad hasta la forma de mirar el semáforo.

La desproporción que casi nadie quiere ver

Los organizadores de la campaña insisten con un número que está a la vista y, sin embargo, se olvida rápido. Un auto promedio pesa más de mil kilos; una persona, en el mejor de los casos, llega a los ochenta o noventa. Esa diferencia es la que explica, mejor que cualquier estadística, por qué el peatón es siempre la parte más golpeada en un siniestro vial. Cuando esa lógica se instala de verdad, cambia hasta la manera de frenar en una esquina con la escuela a la vuelta.

La cara visible de la movida fue Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor. Cada vez que habla, y lo hace seguido, repite la historia de su hijo Kevin Sedano, que tenía catorce años cuando lo atropellaron un primero de mayo de 2002 en Vicente López. El conductor se dio a la fuga y el chico murió una semana después. Desde ese día, Perrone se transformó en una presencia permanente en los pasillos de la Justicia y del Congreso, empujando reformas, acompañando familias y peleando para que ningún padre tenga que contar más una historia así.

En la Legislatura, la convocatoria fue directa: la asociación les pidió a los diputados nacionales que se sienten a tratar un proyecto que lleva años dando vueltas y que prevé sanciones más duras para los casos más graves que se cruzan en cualquier ruta o avenida de acá abajo.

Qué cambios se piden desde hace años

  • Endurecimiento de penas para quien maneja alcoholizado y termina provocando una muerte o lesiones graves.
  • Tipificación más clara de las picadas ilegales, con sanciones que no se diluyan en una multa menor.
  • Agravante específico para quien atropella y se fuga, abandonando a la víctima en el lugar.
  • Tratamiento en el Congreso del proyecto de reforma penal que ya tiene estado parlamentario.

Más allá de los artículos del código, la campaña se apoya en un símbolo que ya es parte del paisaje urbano: las estrellas amarillas pintadas en el piso cada vez que alguien pierde la vida en la calle. En las avenidas más transitadas del conurbano y en esquinas del centro porteño se ven decenas de ellas. Funcionan como un memorial chiquito, como una advertencia y como un recordatorio de lo que pasa cuando un conductor decide mirar el celular, correr una picada o tomar un par de copas de más antes de volver a casa.

Carlos, vecino de Once y jubilado reciente, se detuvo un rato frente al cartel de la campaña y después me dijo lo que piensa cada vez que cruza por la puerta de un colegio. "Yo ya crié a mis hijos, pero veo cómo cruzan los pibes por la calle y me agarra un ataque. A veces el auto viene despacio, pero a veces no, y un chico no puede competir contra eso", me contó, mientras se ajustaba el cuello de la campera. Para él, el tema no pasa sólo por las leyes, sino por lo que cada uno decide hacer cuando arranca el motor.

“El cambio empieza cuando te ponés en el lugar del otro, cuando entendés que ese chico que cruza tiene nombre, tiene madre y tiene una familia que lo está esperando en la casa.”Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor

La jornada en la Legislatura cerró con el mismo tono con el que había empezado: sin promesas espectaculares, con la convicción de que mientras haya una estrella amarilla nueva en una esquina, todavía queda mucho por revisar en la cultura vial del país.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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