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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Amazon tiene más robots que empleados y sus depósitos lo están pagando caro

La empresa superó el millón de unidades automatizadas en sus centros logísticos, pero sus propios registros internos muestran que donde hay más máquinas hay más accidentes. Una paradoja que incomoda al discurso oficial de la compañía.

Por Florencia SotoTecnología · · hace 3 d
Amazon tiene más robots que empleados y sus depósitos lo están pagando caro

El otro día se me cayó un paquete de arroz al piso y me quedé mirando las migas como si fueran la prueba de un crimen. Pienso en eso cada vez que leo estas noticias sobre Amazon, porque a la compañía de Jeff Bezos se le cae algo parecido, pero a escala de depósito entero: robots que deberían hacer todo más fácil y, sin embargo, terminan rompiendo algo. Basta ver los números para entender por qué este tema no es menor.

Amazon opera hoy más de un millón de robots en sus centros logísticos de todo el mundo, según el reporte anual 2025 de la propia empresa. Al mismo tiempo, mantiene en plantilla a más de 1,5 millones de empleados entre contratos completos y parciales. Para que quede claro: es la organización más robotizada del planeta, y encima emplea a una cantidad obscena de gente. La compañía ya construye nuevas fábricas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana, y su directora financiera adjunta anticipó que el parque de brazos robóticos se va a más que duplicar a lo largo de este año.

Cómo empezó todo esto

La historia arranca en 2012, cuando Amazon compró Kiva Systems, una fábrica de robots con ruedas que se dedican a acercar estanterías enteras a los trabajadores en vez de obligarlos a caminar kilómetros por los pasillos. Es como pasar de buscar en el supermercado vos mismo a tener un carrito con rueditas que te trae la góndola entera. De ahí salieron los modelos Hércules y Titán, máquinas que mueven estructuras del tamaño de un piano de cola, y Proteo, el primero que puede circular mezclado con personas gracias a sus sensores. Para coordinar el tráfico de tanta máquina en espacios angostos, Amazon desarrolló DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que, según la empresa, recortó un 10% el tiempo de traslado de la flota.

Los brazos que ya están trabajando

  • Robin: usa ocho ventosas para separar paquetes de pilas desordenadas. Piensen en sacar una servilleta de un paquete de galletas sin romperlas.
  • Cardinal: acomoda bultos de hasta 22 kilos adentro de carritos. Un pelado de espalda automático.
  • Sparrow: reconoce cientos de millones de productos distintos para reponer cajones. Literalmente, ve cosas que vos ni imaginás.
  • Vulcan: el primero con sensores de fuerza, algo así como un sentido del tacto industrial. Ya funciona desde 2025 en Spokane, Washington, y en Hamburgo, Alemania, con expansión prevista para 2027.

Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, repite el argumento clásico de la empresa: la idea es que las máquinas se queden con las tareas de mayor riesgo físico. Suena razonable, pero los datos lo complican feo. Una investigación de 18 meses de la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, cerrada en diciembre de 2024, concluyó que los depósitos de Amazon registran 30% más accidentes que el promedio de la industria. Y los propios registros internos de la compañía, divulgados en el mismo expediente, muestran que los centros con robots tienen una tasa de accidentes 28% mayor que los que no los tienen. Si el robot viene a cuidar al trabajador, alguien se está equivocando en algún lado. Y no es una avionera a la distancia a Buenos Aires: es acá, en la hoja de cálculo.

El dato que incomoda

La paradoja es incómoda para Amazon porque choca de frente con su relato público. La empresa vende la automatización como sinónimo de seguridad: robots que levantan peso, brazos que clasifican, inteligencia artificial que ordena el tránsito. Sin embargo, sus propios papeles reconocen lo contrario en los lugares donde más se metió la tecnología. ¿Significa que la robótica es mala? No necesariamente. Lo que sí sugiere es que meter un millón de robots sin repensar el ritmo de trabajo, la capacitación y el diseño del depósito es como cambiar el motor de un auto sin ajustar los frenos. La velocidad sube, pero el riesgo también.

Qué mirar de acá en adelante

  • Si la tasa de accidentes baja a medida que Vulcan y la nueva generación se expandan, la apuesta se justifica.
  • Si la empresa publica datos desglosados por depósito, deja de esconder la pelota y se nota la mejora.
  • Si los sindicatos acceden a observar las plantas con robots, se termina el argumento de que 'no se puede verificar'.
  • Si la regulación europea y estadounidense aprietan, el discurso de la automatización virtuosa empieza a ajustarse a la realidad.

Mi consejo práctico para el lector que consume algo de Amazon, sea paquetes o literatura: cada vez que la empresa hable de un robot nuevo, pida el dato de seguridad del depósito donde opera. No alcanza con el video promocional. La robótica es una herramienta poderosa, pero una herramienta suelta en un galpón de tres hectáreas sin entrenamiento suficiente es, básicamente, un accidente esperando a que pase el próximo turno. El crecimiento de la flota no es malo en sí; lo que falta es el contrapeso humano y regulatorio que evite que el contador de robots supere al contador de incidentes. Mientras eso no pase, el millón de unidades será un récord industrial y, también, una señal de alerta.

FS
Florencia SotoTecnología

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