Almacenes bonaerenses: cada compra llega con el 60% del sueldo ya comprometido
La Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires advierte que los clientes reducen unidades por visita y migran hacia marcas más baratas. En góndolas como las de galletitas, tres de cada cuatro productos provienen de empresas pequeñas y medianas.
En los almacenes de barrio de la provincia de Buenos Aires, la decisión de compra se define antes de pisar el local. El colectivo, la cuota de la prepaga, el gas y la luz se llevan cerca del 40% del ingreso mensual de las familias, segúnó Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires. El dirigente resumió el cuadro con una cuenta simple: "Todos hablan de un 40%. Solo el 60 queda para vivir".
Ese margen más angosto reconfiguró el comportamiento de los clientes. "La gente compra lo justo y necesario", describió Savore, y agregó que los consumidores no solo achican la cantidad de unidades por visita, sino que además comparan precios dentro de la misma categoría y terminan inclinándose por las alternativas más económicas. En la práctica, eso significa menos artículos por ticket y un corrimiento claro hacia la segunda y tercera marca.
Góndolas con presencia creciente de marcas PYME
“Las tres cuartas partes de la góndola de galletitas son empresas PYME.”Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires
- Pan lactal de 600 gramos: primera marca, alrededor de 6.000 pesos; marca PYME, cerca de 3.000 pesos.
- Fideos: primera marca, hasta 4.000 pesos; alternativa, 1.200 pesos.
- Leche: aumento del 4% en lácteos durante el mes pasado; el litro se vende por encima de los 2.000 pesos.
- Cereales: caja de marca tradicional, unos 8.000 pesos; el mismo gramaje fraccionado en el almacén, alrededor de 3.000 pesos.
- Avena: versión envasada en el local, 2.000 pesos; cajas de marcas conocidas, cerca de 5.000 pesos.
Ante la brecha de precios, varios almacenes encontraron una salida para sostener el volumen de ventas: comprar productos a granel y fraccionarlos en el propio local en porciones equivalentes a las de caja. La diferencia entre el envase industrial y el fraccionado a mano es lo suficientemente grande como para modificar la decisión de compra, sobre todo cuando el dinero disponible para alimentos se ajusta cada mes.
El ritmo inflacionario más lento también cambió la gestión del stock (la mercadería almacenada en el depósito del local). Con remarcaciones menos frecuentes, los almaceneros ya no necesitan acumular productos como cobertura ante subas diarias. Savore dejó la frase inconclusa, pero la señal resulta elocuente: cambió la lógica de reposición y, con ella, la manera en que los comercios de cercanía se preparan para un escenario de consumo que, por ahora, sigue describiéndose con la misma palabra: ajustado.
