Adentro de Prácticamente magia 2: la escena que se filtra entre suspiros y deja abierta la puerta a una tercera parte
La secuela con Nicole Kidman y Sandra Bullock cierra varios conflictos de las hermanas Owen, pero deja hilos colgantes que reabren la charla sobre una continuación. Acá, lo que se vio, lo que se dijo y lo que quedó en el aire.
Volví a la sala casi sin darme cuenta y, cuando me quise acordar, ya estaba acomodada en la butaca con el mismo cosquilleo de la primera vez. Lo confieso porque me parece justo: uno no va a ver Prácticamente magia 2 con la cabeza fría. Va con la memoria prendida, con esa mezcla de incredulidad y ternura que dejó la original en 1998, y la secuela lo sabe desde el primer cuadro. Por eso la sala estaba llena de gente que reía bajito, como si tuviera miedo de espantar a los hechizos.
El regreso de las Owen y la amenaza familiar
La historia retoma a las hermanas Owen en un punto donde la tranquilidad familiar se ve alterada por Tom Bailey, un pariente lejano que llega sin poderes pero con cuentas pendientes. Su objetivo es el libro de hechizos y su intención es clara: usarlo para saldar asuntos personales. El conflicto se resuelve con un conjuro colectivo de las Owen, que vuelven a actuar como un equipo que se conoce de memoria.
El verdadero peso del relato, sin embargo, está en Massachusetts. Ahí, en paralelo, Frances descubre que la única forma de quebrar la maldición que pesa sobre las mujeres de su linaje, la que condena a morir a los hombres que aman, es a través de un sacrificio personal. Decide llevarlo adelante y eso es lo que permite que Gideon, el novio de Kylie que llevaba meses en coma, despierte. Es el momento más cargado de la película y también el que le devuelve a la saga algo de su vieja cuota de emoción.
“La película no apela al golpe bajo: deja que el sacrificio pese, lo deja respirar y, sobre todo, deja que las Owen se miren a los ojos antes de seguir.”Voz de la crítica
Lo que queda en el aire y por qué se habla de una tercera parte
- El arco de Gillian no termina de cerrarse y se nota a la salida de la sala, cuando uno intenta precisar qué la define en esta nueva etapa.
- Las integrantes más jóvenes de la familia recién empiezan a tantear sus poderes, lo que abre interrogantes sobre su lugar en la saga.
- El negocio familiar, parte clave de la identidad de las Owen, queda en suspenso respecto a su futuro.
- La vida sentimental de Sally, que en esta entrega retoma el romance con Ian, un personaje que aparece por primera vez, deja margen para nuevas historias.
El cierre no tiene escena poscréditos. Eso es parte del cálculo: el film resuelve lo que tenía pendiente con la generación adulta y, al mismo tiempo, deja la puerta entreabierta para una tercera parte. Los hilos sueltos, más que un cliffhanger, funcionan como una conversación que la película deja picando sobre la mesa. La pregunta del millón, claro, es si hace falta volver a juntar a las Owen o si este desenlace ya alcanza. Mi sensación, mientras la gente aplaudía despacio y se acomodaba los abrigos para la salida, es que la saga todavía tiene un par de hechizos guardados bajo la manga. Habrá que ver si el tiempo y las plataformas de streaming, donde la primera entrega encontró una segunda vida entre espectadores que no habían nacido en 1998, le dan el empujón que falta.
